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Basta escuchar dos frases para saber que alguien es de Murcia. El habla murciana es castellano, perfectamente comprensible para cualquier hispanohablante, pero con un acento inconfundible y un vocabulario propio que mezcla arcaísmos, palabras de origen árabe, influencias del aragonés y del valenciano y, sobre todo, mucha gracia. Algunas expresiones, como acho o pijo, se han convertido casi en una seña de identidad de la Región.
Hemos reunido algunas de las palabras y expresiones murcianas más conocidas, con su significado y un ejemplo de uso para que nadie se quede a cuadros.
Probablemente la palabra más murciana de todas. Procede de muchacho, por pérdida de la primera sílaba, y se usa como vocativo para dirigirse a alguien, como saludo o como simple muletilla para expresar sorpresa. Tiene variantes como chacho o macho.
Ejemplo: «¡Acho, cuánto tiempo sin verte!»
Interjección comodín que sirve para expresar sorpresa, admiración, enfado o desaprobación. Combinada con la anterior da lugar a la expresión murciana por excelencia: ¡acho, pijo!
Ejemplo: «¡Pijo, qué calor hace hoy!»
Ir muy deprisa, a toda velocidad.
Ejemplo: «Iba por la autovía a pijo sacao».
Chico o chica, niño o niña. Se usa tanto para los críos como para los jóvenes.
Ejemplo: «Los zagales están jugando en la plaza».
Bonito o bonita. El diminutivo en -ico es uno de los rasgos más característicos del habla murciana y se aplica a casi todo: poquico, chiquitico, ratico.
Ejemplo: «¡Qué zagal más bonico!»
Quedarse sin respiración de tanto llorar o de tanto reír, algo muy típico de los niños pequeños durante una rabieta.
Ejemplo: «El crío lloraba tanto que se esmorecía».
Pesadez, fastidio o cansancio. También se dice de una persona pesada o insistente.
Ejemplo: «¡Qué cansera de hombre, todo el día con lo mismo!»
Tontería, cosa sin importancia.
Ejemplo: «No te enfades por esa chuminá».
Persona quisquillosa, molesta o que pone pegas a todo.
Ejemplo: «No seas tan pijotero, que está bien así».
Un poco, una pequeña cantidad. Viene de miga.
Ejemplo: «Échame una mijica de agua, nada más».
Servir, apañar, cumplir la función que se necesita, aunque no sea lo ideal.
Ejemplo: «No es la mejor mesa, pero me hace el avío».
Liarse, enredarse o meterse en un lío.
Ejemplo: «Me embolicé con los papeles y llegué tarde».
Aplastar o romper algo, especialmente si es frágil.
Ejemplo: «Se me cayó la bolsa y se esclafaron los huevos».
Arrugado o pasado, como una pasa. Se dice de la fruta, pero también de las personas.
Ejemplo: «Estas uvas ya están pansías».
Muerto de frío, aterido.
Ejemplo: «Vengo arrecío de esperar el autobús».
Balda o estante de un mueble o de una pared.
Ejemplo: «Las tazas están en la leja de arriba».
Esquina o chaflán de una calle o de un edificio.
Ejemplo: «Te espero en el picoesquina de la plaza».
Forma popular de dónde o adónde, muy habitual en la huerta y en el habla rural.
Ejemplo: «¿Ande vas tan pronto?»
Casa tradicional de la huerta murciana, con techumbre vegetal y muros de barro.
Dos herencias árabes ligadas al sistema de riego de la huerta: la acequia lleva el agua a los campos y el azarbe recoge la sobrante para devolverla al río.
La gastronomía murciana también tiene su propio diccionario:
El vocabulario popular murciano es tan rico que en su día llegó a editarse un pequeño libro, ¿Nos entendemos? Vocabulario popular murciano para jóvenes sanitarios, para ayudar a los médicos llegados de fuera a entender a sus pacientes. Entre sus entradas figuran expresiones como:
El habla de la huerta conserva palabras que en otros lugares se perdieron hace siglos, como aína (deprisa), priesa (prisa) o truje (traje, del verbo traer). Muchas de ellas sobreviven sobre todo entre las personas mayores y en el ámbito rural.
Muchas de estas palabras forman parte del panocho, nombre con el que se conoce el habla tradicional de la huerta de Murcia. Hoy se mantiene viva sobre todo en la literatura popular y en las fiestas: cada primavera, durante el Bando de la Huerta, se leen los tradicionales bandos panochos, composiciones en verso que repasan con humor la actualidad murciana. Los especialistas advierten, eso sí, de que parte del panocho literario exageró algunos rasgos con fines cómicos, como las terminaciones en -iquio, que en muchas zonas nunca se usaron en el habla real.
Además del vocabulario, el murciano se reconoce por su pronunciación: la caída de la d entre vocales (cansao, pescao), la aspiración o pérdida de la s final, que abre las vocales, y la tendencia a acortar palabras (pa por para). Rasgos que hacen del habla murciana una de las más reconocibles de España.
¿Echas en falta alguna? El habla murciana cambia de una comarca a otra, y en Cartagena, Lorca, el Altiplano o el Noroeste hay palabras propias que darían para otro diccionario.
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