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La noticia de un embarazo le cambia la vida a cualquier pareja, los sentimientos están a flor de piel en la madre, mientras que por lo general el padre, un poco más reservado y consciente de la responsabilidad que conlleva tener un hijo, tiene sentimientos encontrados. Si has vivido esto, sabes de lo que hablamos, pero ¿que tal si el médico te hubiera dicho que el aborto era inminente? ¿Cómo reaccionarías?
Este es el caso de Shellie y Greg, una joven pareja que explota de júbilo al saber que van a tener un hijo. Todo era perfecto, el hogar de los Tucker se convirtió en un paraíso de felicidad, en la dulce espera del pequeño príncipe o princesa.

Sin embargo en la semana 20 de gestación, reciben una noticia, que si bien no deja de sorprenderlos, tampoco deja de emocionarlos. No se trata solo de un bebé, sino de dos. “Oh vamos a tener mellizos” exclama el padre, con mucha felicidad, combinada con algo de razonable preocupación, pero no todo era color de rosa...
Pues la preparación es doble, los gastos son dobles y la felicidad también es doble. Shellie y Greg han convertido su hogar, en un pedacito de cielo en la tierra, y no dejarían que nada les arrebatara la dicha que ahora mismo sentían.
Pero la vida les tenía preparada otra sorpresa, esta vez para nada agradable, que le daba un giro inesperado a la historia de su embarazo y a sus vidas.

En un ecosonograma, parte de su control mensual de rutina, su médico descubrió que los mellizos, tenían una particularidad, estaban unidos por el tórax, es decir, eran siameses. Con nulas esperanzas de vida según el diagnóstico médico, el aborto era necesario.
Pero la fe y la convicción de lucha de Shellie y Greg, pudo más, tuvieron a las hermosas Allison y Amelia, que nacieron unidas por sus intestinos, y 8 meses después del nacimiento, fueron sometidas a una intervención quirúrgica para separarlas, la cual resultó en un rotundo éxito.

Unos padres que no se dieron por vencidos a la primera, cuando les indicaron que el aborto era inminente, unas bebes luchadoras que se aferraron a la vida, y un equipo de 40 médicos altamente calificados y sobretodo con una enorme calidad humana, hicieron posible este milagro.
“Es la emoción más grande de la vida” comenta la feliz madre.

Tenemos mucho que aprender de Shellie y Greg, el don de la vida es algo por el que tenemos que agradecer cada día que pasemos sobre la tierra. Vuelve a leer, aprecia la belleza de esta historia y compártela en tus redes sociales, para que tus amigos, renueven su convicción y respeto por la vida.
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