Sacramentos Torres es una mujer llena de luz, pasión, generosidad y entrega a los demás. Cumplió su sueño de ser maestra pasados sus 40 años, mientras estudiaba con sus tres hijos preadolescentes en casa. A día de hoy, a pesar de estar ya retirada de las aulas a causa de su enfermedad, sigue recordando con cariño a todas las alumnas que dio clase.
Lleva ya 15 años luchando contra un cáncer neuroendocrino que hace una década era bastante inusual encontrar en la Región de Murcia. Ella logró abrir caminos con tratamientos nuevos y procedimientos que ahora se están aplicando a pacientes que padecen este cáncer.
Hoy, para conmemorar el día mundial contra el cáncer, Sacra cuenta para Murcia Noticias cómo es ser un paciente oncológico crónico, una situación de la que poco se habla. En ocasiones, solo se muestran dos opciones en la lucha contra el cáncer, el superar la enfermedad o no. Pero también hay una tercera opción, y es la de vivir con el cáncer como un ‘compañero’ más.
Llena de energía emocional siente que su cuerpo y su cansancio hacen de cortapisas para sus proyectos. Aparentemente se ve una mujer sana, alegre, lo que hace que a algunos se les olvide preguntar de vez en cuando como está, pero la procesión se lleva por dentro.
Suele gastar más de 900 euros al año en farmacias, solo en lo básico, y en medicamentos que no se recetan como por ejemplo la crema específica para aplicarse en la piel durante la radioterapia. Cuesta 30 euros cada bote y ella necesitó más de 3 para sus 7 sesiones. Pago a fisioterapeutas, ayuda para la casa, un gasto de más de 1.300 euros por sus gafas a causa de los cristales específicos que necesita para las 7 dioptrías que le provocó la quimioterapia, otros 3.000 euros para el aparato de su oído izquierdo por el que no oye (también como consecuencia de los tratamientos), y una costa lista de etcéteras que el sistema no contempla. Ninguna ayuda pública ha recibido.
Acude cada mes a su centro de salud para inocularse diferentes inyecciones, y ya se pueden imaginar los lectores lo que supone el colapso en los centros de salud que estamos sufriendo para gente como ella.
Hoy queremos contar la historia de una mujer sacrificada, que sufre diariamente dolores, y que nunca ha perdido las ganas de luchar y de vivir, como otros muchos otros pacientes. Con la llegada del Covid se está produciendo un revuelo general, con sensaciones que algunos nunca han sentido como el ‘ahora te toca a ti’, ese miedo de pensar que en cualquier momento puedes desaparecer, saber cuándo y cómo te puede afectar, si estarás grave, si lo superarás o no. Una situación de ansiedad y emociones cambiantes que podrían extrapolarse a un paciente oncológico cada vez que acude a una revisión
La enseñanza que se puede extraer de compartir momentos con Sacra es preciosa, un bonito alegato de la vida. Nos anima a vivir, a exprimir la vida al 100% todos los días, a luchar por ser feliz en cada momento porque nunca se sabe cuando acabará la función. La única función que tenemos.
Ojalá que en las próximas líneas el lector pueda comprender la importancia de luchar, de continuar, de ver lo maravillosa que es la vida y todo lo que se puede aprender de ella, en cualquier situación, incluida la de vivir con cáncer desde hace 15 años como el caso de mi madre, Sacra.
Yo llevaba una temporada con molestias en el estómago, pero no le di importancia porque el día a día era frenético. En septiembre de 2006 acudí al especialista de digestivo, le contaba mis síntomas y la doctora -que no lo tenía nada claro-, me mandó unas pruebas.
Una ecografía que se realizó en octubre, una endoscopia que se realizó en enero y a finales de febrero de 2007 tenía de nuevo cita en digestivo para ver resultados. Pero tuve que volver a la consulta días después porque perdieron esa primera prueba y tuvieron que repetirla.
Tranquila y sola, acudo al médico (pues nunca pensaba que me sucediera nada malo) y recuerdo como el doctor me dijo ¿viene usted sola? Fue entonces cuando empezó la “fiesta”.
En esos momentos pensé que eso no podía estar ocurriendo, no lo creía. Cogí un taxi, me fui al colegio donde trabajaba mientras lloraba y esperaba a que llegara mi marido, (el totalmente desorientado no sabía qué pasaba).
Recuerdo como la directora del centro y el sacerdote trataban de consolarme y de poner un poco de sentido al tema. La cabeza iba a mil por hora, y más a mi que me gusta tenerlo todo bajo control.
En el momento de irme con mi marido al hospital, le pedí a mi directora, Rosa, que cuidara de mis hijos. Cecilia, la mayor, se iba a ir a estudiar la carrera universitaria a Madrid y le pedí que por favor la animara a seguir con ese proyecto, que no renunciara a sus sueños por este ‘sobresalto’.
De ahí me fui al Morales Meseguer y estuve un mes ingresada, haciendo pruebas a ver que tipo de cáncer era. Un mes de pruebas y más pruebas, sin saber nada, con visitas de médicos, solo dando vueltas a la cabeza. Después me enteré de que encima no era un cáncer ‘normalico’, era un carcinoide de poquísima frecuencia con metástasis en varias zonas como el hígado.
Caí en manos de la Dra. Teresa García quién me fue guiando durante 10 años, con una implicación increíble. Fue muy triste cuando la trasladaron, era como si me soltaran las manos. Lo cierto es que ella se lo merecía, porque la nombraron jefa de oncología en el Hospital de Santa Lucía en Cartagena pero no negaré que me dio mucha pena que se fuera. Y a partir de entonces el Dr. Alberto Carmona cogió la batuta, y en ello estamos.
Este tumor neuroendocrino no es curable, está aquí para convivir conmigo y esto quiere decir que siempre llevamos algo entre manos.
A lo largo de estos 15 años, llevo cuatro cirugías muy importantes, después de la primera hubo tres tratamientos de quimioterapia muy fuertes y agresivos que no hicieron nada.
También me realizaron dos tratamientos en la Clínica de Navarra, tratamientos con distintos medicamentos, en el Hospital de La Arrixaca tratamientos en Medicina Nuclear con Lutecio,… y como base inyecciones mensuales de Octreotido 40 mg. Lo último ha sido radioterapia en octubre de 2021. Seguimos en la lucha.
El diagnóstico lo dio oncología, pero la Dra. Dª Inmaculada Gallo, mi médico durante 20 años, ha estado ahí desde el momento cero, con su apoyo profesional y emocional. Recuerdo el interés que se tomaba en buscar alguna información sobre este cáncer y sus tratamientos. Ha estado ahí durante todo este tiempo y deseo que siga siendo así, es una gran tranquilidad contar con profesionales como ella en la Sanidad Pública.
Como peor, ha habido distintas situaciones complicadas, pero desde luego imperdonable esa primera prueba, la ecografía, donde se veía claramente los tumores en el hígado, y que se perdió, bueno, perdieron. Al final ganar tiempo en el cáncer es clave.
A nivel médico, también han sido complicadas mis visitas a urgencias, muchas visitas por desgracia, por cuadros suboclusivos, donde parecía absurdo una y otra vez tener que explicar mi enfermedad y lidiar a veces con las decisiones que tomaban. Con tantas visitas a urgencias, creo que los médicos también tienen que escuchar a los pacientes que sufren este tipo de cuadros de forma asidua.
Y experiencias buenas muchas, por suerte. Sobre todo la cantidad de gente cercana, agradable, que quiere ayudarte y hacértelo fácil. Con pequeños gestos y actitudes se puede cambiar el ambiente de una fría consulta y hacerla más humana.
El palo fue tremendo, todavía comenta mi madre, que mi padre, se quedó callado y sin moverse, durante largo rato y que ella le decía, ‘Antonio, grita, enfádate, … pero dí algo’.
Me sorprendió y todavía cada vez que lo recuerdo, la entereza de mi marido y mis hijos. Mi marido que “parecía alérgico” a los hospitales, ha estado conmigo apoyándome y acompañándome en cada momento, en tanta operación y tratamiento se ha quedado todas las noches conmigo en los hospitales, no quería que se quedara nadie más.
Mis hijos, muy jóvenes en ese momento, Cecilia 17, Helena 15 y Jorge 12, era asombroso la forma en la que me animaban y estaban pendientes de mi. Y así ha continuado hasta el día de hoy. Adquirieron una madurez y un sentido común muy por encima de lo que les correspondía. Ahora con la distancia del tiempo creo que todas estas circunstancias adversas, hacen que las personas crezcan.
Es muy agradable recordar como toda la gente, amigos, compañeras de trabajo, por supuesto la familia, se volcaron en hacérmelo fácil, agradable. En estos momentos compruebas el cariño de la gente. ¡Lo demostramos muy poco!
Cuando se tiene un cáncer tanto tiempo, como es lógico por otra parte, las aguas se van apaciguando, la gente te ve bien, y poco a poco se va normalizando y restando importancia. Ahí es donde se queda tu círculo más íntimo (incluso a ellos a veces se les olvida que no estas bien) ayudándote a llevarlo.
Supongo que habrán sido bastantes, pero ahora mismo me vienen a la cabeza tres.
El día cero, cuando me entero que hay tumores. El segundo momento, el día que decidimos que mi tiempo de maestra había terminado.¡ Que triste fue dejar la gran pasión de mi vida! Aún sigo soñando que estoy en el colegio con las niñas. Eso fue un gran golpe.
Y últimamente en septiembre de 2021 que estaba con un dolor de lumbalgia increíble (derivado del sacro que lo tengo también afectado). En mi vida no me había dolido nada tanto, y tengo experiencia en el dolor. Se me fue la cabeza totalmente, llegué a pensar que quería morir, así no podía vivir. Pero, benditos medicamentos. Mi oncólogo me mandó parches para el dolor y se me fueron todas las tonterías, ¡Qué importante es que te manden las cosas adecuadas!… y ahora a seguir y a vivir, que son dos días.
Miedo al contagio, por la enfermedad de base, pero sin obsesionarme. Como mi vida es muy tranquila, no hay grandísimos cambios. Y respecto al tratamiento de cáncer, hasta ahora, yo he seguido con la misma trayectoria, solo que algunas visitas al oncólogo fueron telefónicas. Gracias a Dios, no me ha supuesto ningún cambio.
La limitación que se supone. Yo siempre me encuentro cansada, a veces tengo temporadas con problemas digestivos,.. todo esto me impide hacer cosas que me apetecerían, excursiones, cursos de manualidades si suponen desplazarme, viajar más…. Se vive a medio gas y hacer las cosas a medias nunca me ha gustado. Así que una lección más que aprender.
Que gestioné muy mal mi vida. El estrés, el ir siempre corriendo, el comerse demasiado el coco, el no pensar en mí lo suficiente, … todo esto afecta seriamente a tu salud. Enseñanza: cuídate, mímate, y sobre todo AMA. El querer no solo a tu familia, amigos, sino a la vida en general. Y lo más importante: no te cargues de personas tóxicas para ti.
Lo que te he dicho anteriormente, pero además añado esto: no te obsesiones con la enfermedad. Infórmate si, habla claramente de tu enfermedad, pero con naturalidad, y no vivas rodeado del tema cáncer, no es lo más importante de tu vida, lo eres tú.
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