Querido papá al que nunca conocí:
“No conozco tu nombre y no quiero saberlo; no me sirve de nada. Mientras lees esto probablemente pienses que te voy a llamar mal padre y decirte que deberías sentirte avergonzado por abandonarme. Pero no es así. Lo que quiero decirte con esta carta es… Te perdono. Te perdono por no estar a mi lado, porque así me hiciste más fuerte. Cuando era pequeña y mi escuela celebraba el Día del Padre, mi abuelo venía en tu lugar.”
“Cuando alguien me preguntaba “¿Dónde está tu papá?”, le respondía que no tenía pero que tenía al mejor sustituto. Mi abuelo ya había sido antes papá, por lo que pudo enseñarme todo lo que debía saber. Me enseñó a no doblegarme ante nada ni nadie; y a nunca permitir que nadie me tratara de una forma que no me mereciera.”

“Te perdono por apartarme de tu vida, porque esto me permitió encontrar otras personas que me quisieron. Mi abuela me enseñó a ser respetuosa y buena persona. Me enseñó a ser siempre sincera con la gente de mi alrededor porque mentirles siempre sería mucho peor que cualquier palabra que les dijera. Nunca me permitió ser irrespetuosa con los demás; si por algún casual lo era, me enseñó que el castigo es algo serio. Y ella no tenía miedo de aplicarlo.”



