Dos años de cárcel para el hombre que abusó sexualmente de Valeria Quer, la hermana de la fallecida Diana Quer. Los hechos se produjeron cuando él tenía 35 años, y ella 17 en Carabias (Segovia) el pasado 2017. Para ello, se aprovechó de su estado de embriaguez.
Esta es una pena significativamente menor a la que había solicitado el fiscal, la cual ascendía a seis años de cárcel y diez de alejamiento. Por otro lado, también es menor a la solicitada por la acusación particular, en representación de la víctima, que había solicitado diez años de prisión y quince de alejamiento.
Valeria Quer es la hermana menor de Diana Quer, la joven de 18 años que desapareció el pasado 2016 en Puebla do Carmiñal (A Coruña). Más de un año después de su desaparición -497 días, concretamente- su cadáver fue encontrado el 31 de diciembre de 2017. Por dicho asesinato asesinato José Enrique Abuín, 'El Chicle', fue condenado a prisión permanente revisable.
J. P. M. coincidió con Valeria en las fiestas locales de Majadahonda el pasado 17 de septiembre de 2017. Ambos pasaron la noche en el mismo grupo de amigos.
Aunque la joven durmió en casa de una amiga, en torno a las ocho de la mañana ambos volvieron a contactar. En ese momento, Valeria Quer, que estaba bajo los efectos del alcohol, salió de la vivienda para encontrarse con el condenado. Este la recogió en su coche, le dio más alcohol y ella "quedó en un estado de total de falta de consciencia".
A las dos de la tarde de ese mismo día, la víctima se despertó en una casa de la localidad segoviana de Carabias. Allí se percató de que presentaba señales que indicaban que se había producido un acto sexual. Sin embargo, no recordaba nada debido a la mezcla de alcohol y los antidepresivos que solía consumir.
Según la sentencia, la incertidumbre de si efectivamente se había producido una agresión sexual, junto a su "inestable estado mental" a causa de la violenta muerte de su hermana, hizo que Valeria Quer ingresara unos días más tarde en el hospital. Allí permaneció cuatro meses por un trastorno de estrés postraumático.
Por su parte, el magistrado que firma la sentencia, Ignacio Pando, reconoce que existe un "absoluto vacío de prueba directa" sobre lo que ocurrió desde que la víctima se fue con el condenado hasta que ella se despertó. Este asegura que el único que podría recordarlo es él y se niega a colaborar.
No obstante, sí hay pruebas periciales que demuestran que hubo acto sexual y otras que acreditan que la víctima estaba "completamente incapacitada para prestar" su consentimiento. Lo que no se ha podido aclarar es si hubo penetración, lo cual motiva la condena sea menor a la solicitada por las acusaciones.