La cinta aislante se había adherido tanto a la carne del animal que no se pudo separar con facilidad. Al veterinario le tomó mucho tiempo separarla ya que lo hizo con el mayor cuidado posible.

El perro sufrió mucho en el proceso, se notaba que el dolor era inaguantable.

Sus rescatadores la nombraron Lucky. Luego de haberla ayudado con la cinta, pudo volver a comer ¡por fin!




